EM

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domingo, 28 de agosto de 2011

EL PODER DE MI MENTE


     Lloro. Llorar es bueno. Desahoga, limpia de todo lo negativo. Intento controlar mi llanto porque me produce algo muy desagradable. Descargas eléctricas viajan desde mi nuca hasta los dedos de mi mano derecha dejándolos acorchados, muertos, sin sentido... La EM no me deja ni llorar. Siempre me recuerda que ese llanto me hace daño. Me tiene atrapada, atada, apretada, me abraza fuertemente... Y nunca me suelta. Nunca, jamás, sea cual sea la situación, día, hora ni lugar.


     Me puedo librar durante las vacaciones de verano de trabajar, de cocinar, de limpiar... Puedo desconectar de todo, de los quehaceres, de personas, de lugares... De todo menos de la EM y de ésas malditas agujas que se han convertido en mi sombra. 


     La nevera del hotel no está bien. Necesito menos temperatura para mi bolsa de gel frío. La necesito. Necesito mucho frío para prepararme la zona a inyectar. En recepción me dicen que mandarán a una persona de mantenimiento a mirar la nevera.
     ¡Oh, no! Sigue igual. Me empieza a entrar la ansiedad. Me quiero ir a casa. Meto la bolsa de gel en hielo. Lo que tenga que ser será. Me tiembla el pulso. Me duele más de la cuenta. Tenía que haberme comprado esa pequeña nevera portátil, aunque quizá tampoco hubiera conseguido con ella la temperatura adecuada. "Venga Sara, olvídalo y disfruta. Recuerda la respiración"


     Respiro hondo y me observo. Me observo desde mi imaginario viaje astral, como si fuera un personaje en una obra de teatro. Desde la espiritualidad el cuerpo es sólo un objeto. Medito, me relajo para no caer en la tristeza, en el hastío que provoca ésta enfermedad. No quiero caer, no puedo caer.
     Sigo respirando hondo y vuelo imaginariamente, ando descalza, corro, salto, nado... Allí, en mi imaginación, la EM no existe. Mi espíritu es libre y puede hacer lo que desee.


     Y vuelvo a mi cuerpo. He de mover al personaje que me corresponde llevar. Hacerlo feliz. He de disfrutar de las vacaciones, de la vida, aquí o allí, siempre... Aunque aprietes no vas a conseguir que deje lo que estoy haciendo. Sólo es un cuerpo que algún día no necesitaré, pero a mí.... A mí no puedes destruirme. Ni siquiera puedes tocarme. Cuando aprietes mi cuerpo, yo me iré. Me iré utilizando mi imaginación y así no me harás sufrir. Nunca vas a conseguir que me sienta atrapada en éste cuerpo bajo tus horribles garras. Tu oscuridad no podrá entrar en mi mente jamás.

martes, 23 de agosto de 2011

ESTAMOS LOCOS

 
    Sólo hace falta salir de una gran ciudad y permanecer unas horas en algún pueblo del sur de España para darse cuenta de la hipocresía de la sociedad actual. Hemos de seguir por defecto unos conceptos impuestos por nuestra sociedad, de lo contrario, somos infelices. Pero......¡¡¡¡¿¿¿¿Estamos locos????!!!!
    Me quedo sorprendida y a la vez avergonzada cuando en éstos lugares sobra amabilidad, cuando no pasa nada porque empujes accidentalmente a alguien, porque no sigas un orden en el supermercado, porque tengas un error mientras conduces, etc. Nadie se enfada, nadie mira mal, nadie pita en la carretera, ningún comerciante se molesta porque tu hijo pequeño toque sus productos, nadie se molesta en las terrazas porque fumen en la mesa de al lado... Siento que estoy en otro mundo, un mundo perfecto. Y hablo de lugares turísticos abarrotados de gente de todas partes en los cuales a ciertas horas caminar por sus calles supone sentirse como una sardina enlatada. No hay competitividad entre personas, que es lo más importante.
   Y yo, acostumbrada a malas caras y a poca amabilidad, me sorprendo cuando veo todo eso. Y me encanta... 


Conil De La Frontera (Cádiz)
   Luego vuelvo a Madrid y me encuentro al camarero de siempre con la misma cara de ácido, y a la vecina presumiendo de sus maravillosas vacaciones y pienso: "¿Por qué tanta hipocresía si está demostrado que no es necesaria?".

viernes, 12 de agosto de 2011

LO ÚLTIMO EN TECNOLOGÍA


Me he reído mucho viendo éste vídeo. Pienso que merece la pena compartirlo.



martes, 2 de agosto de 2011

AQUELLA ÉPOCA

    "No mires atrás, céntrate en el presente". Pero ¿qué hay de malo en mirar atrás y recordar lugares, situaciones, personas......?
     Para mí recordar ciertas cosas me dopa, quiero decir, que me da alegría y me siento llena de energía. No lo miro como tiempos mejores, porque soy feliz actualmente, si no como otros tiempos también llenos de felicidad. Con las actuales redes sociales contactamos con personas que iban con nosotros al colegio, al instituto, que vivían en nuestro barrio..... Reconozco que algunas de ellas estaban ya olvidadas. ¡¡¡Y qué maravilla volver a recordarlas!!! Recordar a ésas personas, revivir tiempos maravillosos durante la adolescencia, en la cual pensamos que nos vamos a comer el mundo. Yo me acuerdo de algo y mis viejos amigos se acuerdan de otra cosa, y así nos complementamos para darnos unas dosis de risoterapia.
     Mi hija de 10 años se ríe cuando le hablo de la época de la peseta en la cual los pavos eran duros, un duro cinco pesetas y las pesetas eran pelas o incluso calas. 
     Cuando íbamos de excursión, como no existían los MP3, un amigo llevaba el pedazo de radio cassette al hombro (más comunmente conocido como "loro") y otro llevaba la mochila llena de cintas de cassette. Ésas mismas cintas que poníamos en nuestros "walkman" y rebobinábamos con un bolígrafo o similar para ahorrar pilas. Ésas odiosas cintas que siempre ( y digo siempre) se enganchaban en los radio cassette de los coches. Ésos coches que no tenían cinturón trasero y nosotros viajábamos sin silla, sin climatizador, sin DVD portátil para entretenernos y sin música, porque se quedaba enganchada la cinta.
     Nuestras madres grababan la novela o las películas en el vídeo (VHS) y luego se veía con cortes publicitarios pasados rápidamente para continuar viendo el vídeo. ¡Ay, nuestra madres! Que nos calentaban la leche en un cazo porque no tenían microondas, ni vitrocerámica, ni cocina pirolítica... Y a día de hoy no podrían vivir sin esas cosas. Llevaban nuestro calzado y nuestras mochilas al zapatero para que nos lo arreglara y remendaba nuestros calcetines. 
    Tampoco había teléfonos móviles , cosa que ya mi hija no puede asimilar, y cuando esperábamos a alguien que llegaba tarde, lo hacíamos con paciencia, sabíamos esperar. Y luego nos íbamos a la biblioteca porque como no teníamos internet en las casas, teníamos que acudir allí para cualquier consulta por pequeña que fuera, a pesar de que nuestros padres tenían en casa colecciones de enciclopedias en las cuales casi nunca contenía lo que buscábamos.
    ¡Viva la actual tecnología! Y más lo afirmo cuando me viene a la memoria alguna ocasión en la cual se averiaba el coche en mitad de la autovía cuando íbamos o volvíamos del pueblo y mi pobre padre tenía que irse andando hasta encontrar una gasolinera en la que poder avisar a emergencias desde un teléfono público. Hoy por hoy no hubiera sido así.
    Pero era una época bonita, menos corrompida, más inocente en la cual se fumaba en la sala de espera de los hospitales , en las estaciones de tren y autobús, aeropuertos, centros comerciales y tiendas.¡Pero si recuerdo a mis profesores fumando en el patio del colegio! Y desde éste año 2011 no se fuma ni en los bares. Y entonces nos decían nuestros padres que la vida había cambiado mucho. 
     En fin, todo evoluciona, ya nos lo dirán nuestros nietos.