EM

EM

martes, 2 de agosto de 2011

AQUELLA ÉPOCA

    "No mires atrás, céntrate en el presente". Pero ¿qué hay de malo en mirar atrás y recordar lugares, situaciones, personas......?
     Para mí recordar ciertas cosas me dopa, quiero decir, que me da alegría y me siento llena de energía. No lo miro como tiempos mejores, porque soy feliz actualmente, si no como otros tiempos también llenos de felicidad. Con las actuales redes sociales contactamos con personas que iban con nosotros al colegio, al instituto, que vivían en nuestro barrio..... Reconozco que algunas de ellas estaban ya olvidadas. ¡¡¡Y qué maravilla volver a recordarlas!!! Recordar a ésas personas, revivir tiempos maravillosos durante la adolescencia, en la cual pensamos que nos vamos a comer el mundo. Yo me acuerdo de algo y mis viejos amigos se acuerdan de otra cosa, y así nos complementamos para darnos unas dosis de risoterapia.
     Mi hija de 10 años se ríe cuando le hablo de la época de la peseta en la cual los pavos eran duros, un duro cinco pesetas y las pesetas eran pelas o incluso calas. 
     Cuando íbamos de excursión, como no existían los MP3, un amigo llevaba el pedazo de radio cassette al hombro (más comunmente conocido como "loro") y otro llevaba la mochila llena de cintas de cassette. Ésas mismas cintas que poníamos en nuestros "walkman" y rebobinábamos con un bolígrafo o similar para ahorrar pilas. Ésas odiosas cintas que siempre ( y digo siempre) se enganchaban en los radio cassette de los coches. Ésos coches que no tenían cinturón trasero y nosotros viajábamos sin silla, sin climatizador, sin DVD portátil para entretenernos y sin música, porque se quedaba enganchada la cinta.
     Nuestras madres grababan la novela o las películas en el vídeo (VHS) y luego se veía con cortes publicitarios pasados rápidamente para continuar viendo el vídeo. ¡Ay, nuestra madres! Que nos calentaban la leche en un cazo porque no tenían microondas, ni vitrocerámica, ni cocina pirolítica... Y a día de hoy no podrían vivir sin esas cosas. Llevaban nuestro calzado y nuestras mochilas al zapatero para que nos lo arreglara y remendaba nuestros calcetines. 
    Tampoco había teléfonos móviles , cosa que ya mi hija no puede asimilar, y cuando esperábamos a alguien que llegaba tarde, lo hacíamos con paciencia, sabíamos esperar. Y luego nos íbamos a la biblioteca porque como no teníamos internet en las casas, teníamos que acudir allí para cualquier consulta por pequeña que fuera, a pesar de que nuestros padres tenían en casa colecciones de enciclopedias en las cuales casi nunca contenía lo que buscábamos.
    ¡Viva la actual tecnología! Y más lo afirmo cuando me viene a la memoria alguna ocasión en la cual se averiaba el coche en mitad de la autovía cuando íbamos o volvíamos del pueblo y mi pobre padre tenía que irse andando hasta encontrar una gasolinera en la que poder avisar a emergencias desde un teléfono público. Hoy por hoy no hubiera sido así.
    Pero era una época bonita, menos corrompida, más inocente en la cual se fumaba en la sala de espera de los hospitales , en las estaciones de tren y autobús, aeropuertos, centros comerciales y tiendas.¡Pero si recuerdo a mis profesores fumando en el patio del colegio! Y desde éste año 2011 no se fuma ni en los bares. Y entonces nos decían nuestros padres que la vida había cambiado mucho. 
     En fin, todo evoluciona, ya nos lo dirán nuestros nietos.                                                                                                                                          
                                                     

2 comentarios:

  1. Podría haber estando horas hablando con tu padre de las caminatas por las autovías. Todo forma parte de nosotros ayer, hoy y quizás mañana.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Que bueno Sara.....así es como uno debe mirar hacía atras....con una sonrisa, no buscando en él tiempos mejores.....lo mejor esta por venir!!!
    No dicen eso?
    un beso corazon :-)

    ResponderEliminar