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miércoles, 16 de mayo de 2012

ANCIANO


     Sentado en tu silla de ruedas miras a través de la ventana, pero no ves nada. Tan sólo tus pensamientos se centran en el pasado, en otro tiempo, cuando vivías, cuando eras feliz.
     La recuerdas a ella, la echas de menos. Supiste cuando su vida se apagó, a pesar de que tu familia se lo calló. “¿Por qué no me dejaron despedirme de ella? Me tratan igual que a un niño”.
     En la residencia te encuentras bien, no has de hacer nada, tampoco podrías ni serías capaz ya que tu cuerpo  no responde. En el comedor ves la televisión,  cosas que ya no te importan:  las noticias, el tiempo, política , fútbol… ¡qué mas da! Te sientes muerto. “¿Por qué si aún vivo? ¿Por qué la vida es tan injusta? Si estoy vivo de qué me sirve, si no puedo vivir, si ya nada es como antes.”
     
     Tu familia acude a verte en horario de visita. Los que viven lejos van de tarde en tarde. No les culpas, siempre fue así. Pero antes te visitaban en casa. Tu mujer gritaba de alegría al ver a vuestros nietos. Salías a la calle a verles jugar. Durante esos días no ibas a caminar por el campo, pero no te importaba.  Tu familia lo llenaba todo.
     Estás enfadado y haces que se vayan pronto. Te haces el ausente mirando la televisión. Ellos no quieren hablarte de ella. Te lo intentaron ocultar. Ahora eres tú el que no quiere deshacerse en abrazos ni besos. Pero les quieres, y lloras. No paras de llorar y la auxiliar te seca las lágrimas intentando consolarte. Otra que te trata como a un niño.
     Les castigas porque tú te sientes castigado. "La vida hay que vivirla hasta el final", piensas. Y los días que te quedan están tan sólo llenos de nostalgia. “¿Por qué no puede ser como antes?”  Te entristece ver que tus hijos ya no se juntan como antes, que tus nietos tienen sus vidas, la mayoría casados y con hijos. “Cuando yo falte ya ni hablarán, ya no estaré yo de excusa”.  Qué injusto es estar encerrado en ese cuerpo, que te impide valerte por ti mismo. Echas de menos el aire fresco de los montes. El jardín de la residencia está lleno de gente, el aire viciado no te gusta. Prefieres quedarte en el comedor y recordar lo bonita que fue tu vida. Esa vida que ya no tienes.

4 comentarios:

  1. Impresionante Sara. Muy bonito y entrañable. Un abrazo.

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  2. Muy bueno Sara.Un besote!

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  3. Lo cuentas como si lo hubieras vivido... Tu visión de la vida de un anciano en una residencia, me entristece porque creo que es la dura realidad...
    Un beso Sara

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