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miércoles, 24 de julio de 2013

DE CÓMO LLEGÓ UN PERRO A MI VIDA...



     Mi hija mayor me había llamado para decírmelo: se había encontrado un cachorro en la basura, era negro y fuego. Cuando llegué a casa ahí estaba, encogido en el sofá mientras mi hija le acariciaba. Era mucho más pequeño de lo que me había imaginado: cabía en mi mano. Tenía los ojos azulados de la lactancia y estaba helado. Temblaba de frío y creo que también de miedo. Le envolví en un saquito de lana con el que mi hija pequeña envolvía a sus muñecos. No tenía dientes y le hice una especie de papilla con pienso mezclado con agua. Mi hermana, hablando por teléfono, me había desaconsejado la leche de vaca para él. El pienso que pude ofrecerle era el de mis gatos. Era tarde para salir a comprar algo más apropiado. Afortunadamente se lo comió.

     Era tan pequeño... Incluso temí por su vida!!! 

     Les dije a mis hijas que buscaríamos a alguien que lo quisiera, que nosotros no podíamos quedárnoslo. No entraba dentro de mis planes tener perro. A día de hoy no está dentro de mis planes no tenerlo. Ese ser tan pequeño me robó el corazón y después de dos días en casa me di cuenta de que no podía vivir sin él.


     Aproximadamente tiene ya unos tres meses y pesa poco más de dos kilos. Será un perro pequeño. El veterinario me dijo que parecía un cruce de Yorkshire. Sea lo que sea mi "chucho" es maravilloso. Salió adelante sin ningún problema. Tiene unos ojos negros que dejan ver un alma increíblemente grande y bondadosa. El veterinario me dijo que había tenido mucha suerte de haber sido encontrado por nosotros y yo le dije que la suerte había sido mía. Ha sido un verdadero regalo caído del cielo.

COMO UN PÁJARO

    

      Sigo resistiéndome a vivir de una manera que tu consideras normal. Ya no lucho, ya gasté en vano todos mis intentos por abrirte los ojos. Solo imagino... y sueño. Vuelo cada día, imagino la felicidad y sueño que me alejo. Desde allí soy feliz y afortunada porque cada día pienso mi vida de una forma diferente. Ignoro por qué en mis años vividos y tantas personas conocidas terminé compartiendo mis días con el más frío de los seres que pueda existir.
    
      Ya no me impresiona tu vacío ni tu egoísmo. Ya no te reclamo nada. Me siento libre de imaginarme en otra parte. Me desespera el no poder volar físicamente desde la ventana del techo, donde a diario oigo a los pájaros cantar. Quisiera ser uno de ellos y entender su conversación. Se hablan los unos a los otros, muestran más comunicación que tu y yo. Soy uno de ellos pero no puedo volar desde mi jaula. Esta jaula de cristal blindado y acero que tu creaste y que algún día romperé. Será el día que imagine que ya no soy un pájaro,  si no un ser con más fuerza y rabia para luchar. 

     No se para qué escribo estas palabras de desesperación que tu jamás leerás aunque te las pusiera delante. Nunca escuché de tus labios un: "¿Qué te pasa?". Nunca recibí ánimo de tus palabras ni de tus gestos aún viéndome derramar un mar de lágrimas. Palabras escritas sin más fin que mi propio desahogo una noche que me cansé de soñar.

martes, 2 de julio de 2013

LO QUE ME HIZO EL COPAXONE

  En mayo tuve revisión con el neurólogo y salí muy contenta porque la resonancia había salido estupenda, el Copaxone me estaba funcionando. Me sentía muy feliz de poder seguir con una mediación que no me producía ningún efecto secundario y con el cual no me sentía cansada en absoluto.
  Pero el sábado 15 de Junio, inmediatamente después de pincharme, empecé a notar un fuerte rubor, sofoco, sensación de asfixia.... Supe desde el primer momento que no era la sensación de ataque cardíaco que puede dar al pincharse Copaxone y que dura unos minutos. Fue mucho más súbito y sentí que moría. Mis padres estaban en casa casualmente, también pensaban que me iba a morir. Llamaron al Samur, padecía un shock anafiláctico producido por el Copaxone. Estuve una hora hasta que pude empezar a respirar muy poco a poco, como si me entrara el aire por un hilo. Estando en ese estado, ya más calmada, empecé a convulsionar. La rigidez me producía dolor en todo mi cuerpo, sobre todo en la nuca y la columna. La mandíbula también me dolía, aunque yo hablaba, pero no me entendían. Pero bueno, pasó, todo pasó y volví a la normalidad. Desde el primer momento supe que no iba pincharme más.
     El lunes 17 acudí al neurólogo y... !!!SORPRESA!!!... ME DEJA SIN MEDICACIÓN!!!! Claro que me vio tan segura de mi misma de no querer absolutamente nada que no se opuso. En septiembre me harán de nuevo una resonancia para ver que tal y según vaya, ya veríamos. Pero tengo muy claro que no quiero nada, después de ésto me queda Fingolimod porque Tysabri hay que reservarlo para mayores recaídas, y tampoco lo quiero. Estoy muy bien así, he perdido peso, me siento liberada y no quiero arriesgarme a crear anticuerpos y que mi cuerpo reaccione casi matándome. Es mi decisión y solo los que padecemos esta enfermedad lo entendemos.
   Aquel sábado pasé un infierno, lo peor que me ha pasado en la vida. Mis padres gritaban, mis hijas también..... Nunca más quiero revivirlo, creo que es suficiente , a parte de lo mal que lo pasé, para haber tomado esta decisión